Centro Discapacitados Psíquicos de Alcolea. Parte I
Una de las imágenes más emotivas de la arquitectura contemporánea, ocurre en el sanatorio antituberculoso de Paimio, obra del arquitecto finlandés Alvar Aaltoen 1928. En ella, aparece una larga terraza situada en la última planta del edificio, donde de forma ordenada y en hilera se han dispuesto camas para que los enfermos respiren el aire de la mañana. El paisaje de pinos y lagos se pierde en el horizonte al igual que la terraza, donde un voladizo protege a los hospitalizados del sol.Probablemente, si enseñáramos la fotografía a cualquier persona, y preguntáramos de qué tipo de edificio se trata, la mayoría respondería que es un hotel, donde por cierto, no le importaría hospedarse. Sin duda, el viejo maestro, (joven cuando construyó el sanatorio), había conseguido humanizar las condiciones de vida de los tuberculosos.
Esta imagen simboliza la capacidad que tiene la arquitectura de crear espacios amables para los usuarios, y el empeño que debemos poner los arquitectos en pensar los edificios desde este posicionamiento; ya que no basta con aplicar un funcionalismo neufertiano para garantizar las complejas relaciones que impone un programa.
Al igual que un libro, se da por supuesto que se puede abrir y pasar las hojas sin dificultad, pero lo importante es su contenido; lo que hace que una obra emocione y se distinga de las demás.
Estar enfermo no es sinónimo de habitar espacios deprimentes, y por ello la elección de la ubicación del edificio seguramente tenga mucho que ver con este pensamiento.
Visita de Obra 29/12/2002
Adjunto algunas imágenes, donde los módulos tranversales aparecen volando sobre el viario de acceso. En ellos se ubicarán las dependencias destinadas a comedor, habitaciones de residentes y sala de fisioterapia.
Visitas y fotografías
Nota: Todas las fotografías de esta entrada están realizadas por Montserrat Rubio.
Ejercicios de Extensión
Hay toda una gimnasia arquitectónica empeñada en dilatar los cuerpos compactos de las invenciones tipológicas de la primera modernidad: Collin Rowe llegó a tildarla de manierismo moderno. Esas operaciones comenzarían con el despiece de estos cuerpos fuertemente articulados que, al dejar sin amarre los miembros, abren espacios para la invención: ahora, desmontados, se pueden añadir otras formas ni siquiera sugeridas por el primer inventor, a cargo de los arquitectos que las emplean.
Es un ejercicio muy del interior de la arquitectura, pero que no ha dejado de dotar al habitar moderno de una amplia diversidad de espacios que rodean lo que son los puntos fijos de nuestro vivir: dormitorios, aseos, cocina, garaje… y que ahora vienen complementados por porches, transiciones, escaleras, vestíbulos dilatados o recovecos por descubrir.
La transición vivida por la arquitectura moderna podría ser revisitada bajo este prisma y no dejaría de sorprendernos cómo, en comparación con lo clásico, ha recorrido su tiempo casi en un instante.
Las propuestas que hoy nos ocupan son una buena ocasión para llevar esta hipótesis a su comprobación, de la mano del estudio-taller formado por los dos jóvenes arquitectos José Carlos Rico y Jorge Roa.
Observando los proyectos y las obras que jalonan su corto pero bien aprovechado trayecto profesional, uno tendría la sensación de que se trata de eso, de un ejercicio de extensión-compactación del cuerpo edilicio de la arquitectura moderna.
Bien es cierto que, tras ello, lo que impele ese trato formal o plástico no es sino la sagaz convergencia de un programa con un lugar, un ajuste que ya no se quiere repetitivo sino singular, incluso individualizado y que no se trataría sino de dejar caer certeramente ese velo del tipo sobre el cuerpo de la habitación, llevando el desmembramiento mucho más allá que a un solo juego formal.
Tan sólo bastaría con pasear por la geografía cordobesa y asomarse al proyecto de la Casa Arrui en la ciudad y compararla con la del pantano de Las Jaras o el Centro para Discapacitados Psíquicos de Alcolea, para ejemplificar a la primera lo que hablamos.
Huyendo de soluciones estandarizadas, la oportunidad que ofrecen las singulares localizaciones de sus recientes trabajos –en unos casos sencillamente encontradas y en otras buscadas, como en el caso del concurso para el psiquiátrico con el cambio estratégico de parcela– les va a posibilitar una búsqueda específica en ese proceso de revisión tipológica.
Y el argumento para esta tarea va a ser el establecimiento de una lógica distinta de puesta en uso del programa funcional, a partir del movimiento del usuario por los planos a distinto nivel que recorren la vivienda y la disposición de las estancias en los mismos.
Así, como principio configurador de este mundo particular –alternativo al habitual que se apoya en la forma de la parcela y las condiciones urbanísticas–,el programa doméstico va dando cuenta de la peculiaridad de cada cota del terreno o de cada vista singular hacia el entorno donde se inserta.
Se urde de este modo, con el conjunto de relaciones entre las estancias y el lugar, una estructura que reorganiza las funciones requeridas a partir del desvelamiento de líneas de tensión, miradas, de planos aterrazados o salas privilegiadas.
Serán estos espacios diseñados para la vida de los futuros moradores los que, al reagruparse para dar sentido a la casa y en una actitud casi terapéutica para con ellos, acaben por configurar un paisaje propio que entra en relación directa con los hallados en estas geografías.
La Casa Tomada
Ciudadano Kane
Orson Welles decidió no renunciar a hacer la toma tal y como la había pensado, y optó por una solución sencilla y a la vez genial para dar respuesta a un problema técnico. Excavó en el suelo del plató de rodaje un foso donde pudiera introducirse el cámara, consiguiendo el plano y la profundidad de campo necesarias.
El contrapicado, contribuye a que los personajes sean más grandes y poderosos. La constante presencia del techo nos recuerda también que están “atrapados”, dotando a la escena de una tensión especial.
Esta forma de construir el vacío no es novedosa, ya que encontramos referencias y ejemplos no sólo en el campo de la arquitectura, sino en otras disciplinas artísticas como la escultura de Oteiza y Chillida.
Es necesaria su presencia en la música o incluso en el cine, como el caso comentado, donde lo sorprendente no fue pretender obtener un plano del techo, sino la forma de inventar el vacío necesario para conseguir la toma.
La arquitectura se encuentra en los espacios intermedios, en los lugares que se generan entre los “sólidos” cuando se acercan lo suficiente para conseguir una relación entre ellos… y eso se construye a través de vacíos.
(jcrc)
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Taller de Arquitectura Rico+Roa
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