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Monsieur Vauban

Sábado, 17 de octubre de 2009 admin 2 comentarios

Hace mucho tiempo que tenemos la tentación de incluir este escrito como portada de nuestras mediciones. Reconocemos que cada día que pasa esa tentación es más fuerte. En los últimos años nos hemos encontrado con situaciones de todo tipo en la ejecución de las obras, y os podemos garantizar que el texto que vais a leer a continuación debe llevar a la reflexión.


Esta carta fue redactada en 1683, hace más de trescientos años. Algunos sostienen que la humanidad avanza en línea recta, otros afirman que el movimiento de la humanidad sigue una trayectoria circular.


Monseñor:

“…Hay algunos trabajos en los últimos años que no han terminado y que no se terminarán, y todo eso Monseñor, por la confusión que causan las frecuentes rebajas que se hacen en sus obras, lo que no sirve más que para atraer como contratistas a los miserables, pillos o ignorantes, y ahuyentar a aquellos que son capaces de conducir a una empresa.


Yo digo más, y es que ellos retrasan y encarecen considerablemente las obras, porque estas rebajas y economías tan buscadas son imaginarias, y lo que un contratista que pierde, hace lo mismo que un naufrago que se ahoga, agarrarse a todo lo que puede: y agarrarse a todo, en oficio de contratista, es no pagar a los suministradores, dar salarios bajos, tener peores obreros, engañar sobre todas las cosas y siempre pedir misericordia contra esto y aquello.”


“…Y de ahí bastante, monseñor, para hacerle ver la imperfección de esa conducta, abandónela pues, y en nombre de Dios, restablezca la buena fe: encargar las obras a un contratista que cumpla con su deber, será siempre la solución más barata que podéis encontrar”



Carta de Vauban (1633-1707), Ingeniero Militar (Mariscal de Francia), a Losvois (1641-1691) Ministro de La Guerra de Luis XIV. Belle – Isle en Meer.17 de Julio de 1683


Ejercicios de Extensión

Martes, 23 de diciembre de 2008 admin Sin comentarios
Transcripción del artículo publicado sobre nuestra obra por José Ramón Moreno y Félix de la Iglesia el día 9/8/2007. Diario de Sevilla)

Hay toda una gimnasia arquitectónica empeñada en dilatar los cuerpos compactos de las invenciones tipológicas de la primera modernidad: Collin Rowe llegó a tildarla de manierismo moderno. Esas operaciones comenzarían con el despiece de estos cuerpos fuertemente articulados que, al dejar sin amarre los miembros, abren espacios para la invención: ahora, desmontados, se pueden añadir otras formas ni siquiera sugeridas por el primer inventor, a cargo de los arquitectos que las emplean.

Es un ejercicio muy del interior de la arquitectura, pero que no ha dejado de dotar al habitar moderno de una amplia diversidad de espacios que rodean lo que son los puntos fijos de nuestro vivir: dormitorios, aseos, cocina, garaje… y que ahora vienen complementados por porches, transiciones, escaleras, vestíbulos dilatados o recovecos por descubrir.

La transición vivida por la arquitectura moderna podría ser revisitada bajo este prisma y no dejaría de sorprendernos cómo, en comparación con lo clásico, ha recorrido su tiempo casi en un instante.

Las propuestas que hoy nos ocupan son una buena ocasión para llevar esta hipótesis a su comprobación, de la mano del estudio-taller formado por los dos jóvenes arquitectos José Carlos Rico y Jorge Roa.

Observando los proyectos y las obras que jalonan su corto pero bien aprovechado trayecto profesional, uno tendría la sensación de que se trata de eso, de un ejercicio de extensión-compactación del cuerpo edilicio de la arquitectura moderna.

Bien es cierto que, tras ello, lo que impele ese trato formal o plástico no es sino la sagaz convergencia de un programa con un lugar, un ajuste que ya no se quiere repetitivo sino singular, incluso individualizado y que no se trataría sino de dejar caer certeramente ese velo del tipo sobre el cuerpo de la habitación, llevando el desmembramiento mucho más allá que a un solo juego formal.

Tan sólo bastaría con pasear por la geografía cordobesa y asomarse al proyecto de la Casa Arrui en la ciudad y compararla con la del pantano de Las Jaras o el Centro para Discapacitados Psíquicos de Alcolea, para ejemplificar a la primera lo que hablamos.

Huyendo de soluciones estandarizadas, la oportunidad que ofrecen las singulares localizaciones de sus recientes trabajos –en unos casos sencillamente encontradas y en otras buscadas, como en el caso del concurso para el psiquiátrico con el cambio estratégico de parcela– les va a posibilitar una búsqueda específica en ese proceso de revisión tipológica.

Y el argumento para esta tarea va a ser el establecimiento de una lógica distinta de puesta en uso del programa funcional, a partir del movimiento del usuario por los planos a distinto nivel que recorren la vivienda y la disposición de las estancias en los mismos.

Así, como principio configurador de este mundo particular –alternativo al habitual que se apoya en la forma de la parcela y las condiciones urbanísticas–,el programa doméstico va dando cuenta de la peculiaridad de cada cota del terreno o de cada vista singular hacia el entorno donde se inserta.

Se urde de este modo, con el conjunto de relaciones entre las estancias y el lugar, una estructura que reorganiza las funciones requeridas a partir del desvelamiento de líneas de tensión, miradas, de planos aterrazados o salas privilegiadas.

Serán estos espacios diseñados para la vida de los futuros moradores los que, al reagruparse para dar sentido a la casa y en una actitud casi terapéutica para con ellos, acaben por configurar un paisaje propio que entra en relación directa con los hallados en estas geografías.